
Autosuplementación: cuando querer cuidarte te lleva a tomar lo que no necesitas
Hace unos años, para empezar a tomar un complemento alimenticio tenías que acudir a una farmacia o consultar con un profesional. Hoy la realidad es muy distinta. Abres Instagram y te recomiendan magnesio para el estrés. En TikTok descubres la ashwagandha. Una amiga te habla de la vitamina D, en un podcast escuchas sobre la coenzima Q10 y en internet encuentras un probiótico que promete transformar tu digestión.
Con un par de clics, mañana tienes todos esos frascos en la puerta de tu casa.
Nunca habíamos tenido tanto acceso a los suplementos ni tanta información sobre bienestar. Y esto, en principio, es algo positivo. El problema surge cuando confundimos tener acceso a la información con saber qué necesita realmente nuestro organismo.
Es cada vez más frecuente encontrar a personas que consumen cuatro, cinco o seis productos diferentes sin que nadie haya revisado qué contienen, si las dosis se solapan o si alguno puede interactuar con su medicación. Y esto no ocurre por irresponsabilidad; ocurre por un deseo genuino de cuidarse, de tener más energía o de dormir mejor.
Sin embargo, hay una frase que deberíamos empezar a cuestionar en salud: «A mí me funcionó». Que algo le haya sentado bien a otra persona no significa que tú lo necesites, ni que esa sea la solución a lo que te ocurre.
